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DOSCEROUNOTRES – NOVIEMBRE

Número especial dedicado exclusivamente al Festival de Cine Europeo de Sevilla, con críticas de todas las películas de la sección Las Nuevas Olas, así como un completo repaso a la Sección Oficial además de joyas como E Agora? Lembra Me de Joaquim Pinto o O Que Arde Cura de Joao Rui Guerra de Mata.

Noviembre

 

 

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DOSCEROUNOTRES – OCTUBRE

Número de octubre con repaso a la discografía y análisis del último disco de Four Tet, en portada. Críticas de las películas The Bling Ring, Gloria, La Herida, Caníbal, Prisoners, Gravity, The Butler, Wakolda, La Fotógrafa y Enxaneta. Además, breves reseñas de otros discos y películas.

Octubre

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DOSCEROUNOTRES – SEPTIEMBRE

Número de septiembre con análisis de los nuevos discos de Bill Callahan, Arctic Monkeys y Au Revoir Simone, en portada, además de otros álbumes.En la sección de cine, The Patience Stone de Atiq Rahimi y Los Ilusos de Jonás Trueba, además de otras muchas películas.

Septiembre

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Giro hacia lo bailable

Triunfal regreso del trío cuatro años después de Still Night, Still Light, con un giro algo sorprendente hacía sonidos más bailables que promueven unos ritmos mucho más rotundos y una presencia mayor de los sonidos sintéticos frente a la delicadeza pop de sus discos previos.

Sin duda, se trata de una buena noticia este giro que les sienta especialmente bien a medida que ahondan en un sonido mucho más profesional y compacto, sin resquicios amateur que pudieran entorpecer el desarrollo de estas once canciones que en su recta final si retoman la esencia de la banda mostrada previamente. Canciones como “Boiling Point”, “Hand over Hand” o “Let the Night Win” son el reverso sosegado y tranquilo del resto del disco, aunque no llegan a brillar como en otras ocasiones, ni nada tienen que hacer con respecto a los temas previos que muestran en Move in Spectrums, aunque “Love You Don’t Know Me”, dominada por el piano, sí que hace honor a los mejores temas de otros discos anteriores del trío.

Pero no es sino en los temas previos donde el disco se luce especialmente. Desde la hipnótica “More Than” que sirve para abrir el álbum. Es un comienzo muy diferente al que nos tienen habituados, por ejemplo, el disco anterior se abría con “Anywhere You Looked”, una joya pop directa, mientras que aquí ya se muestra el claro interés del trío por hacer un trabajo más electrónico, como destacando un componente bailable que hasta el momento había pasado desapercibido. Ese desenfreno medido, pues al fin y al cabo, seguimos hablando de Au Revoir Simone, se entremezcla con las voces angelicales de Forster, Hart y D’Angelo.

En ese reverso más bailable sigue presente el componente de tristeza que suele acompañar al trío. Por ejemplo, el tema más quieto y profundo, “We Both Know” sorprende por una letra descarnada y dolida. Mantienen intacto el buen hacer mezclando elementos delicados, ensoñadores y melancólicos.

En definitiva, canciones como “Crazy”, el potente single “Somebody Who”, que casi se podría calificar como himno para el grupo, o la emocionante “Gavitron”, el tema con más fuerza de los que ha llegado a ofrecer el grupo, sirven para asegurar que el grupo ha encontrado una nueva forma de expresarse y que consigue hacerlo con éxito. Una nueva puerta abierta que no podríamos haber imaginado y que, sin duda, llegan a ejecutar de manera acertada.

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Profundidad, sutileza y elegancia

Fiel a su cita de cada dos años, Bill Callahan entrega
el que es ya su cuarto trabajo firmado con su propio nombre, la continuación de una discografía intachable con el alias de Smog. Woke on a Whaleheart, Sometimes I Wish We Were an Eagle, Apocalypse y, ahora, Dream River. Cuatro álbumes inmensos para una voz profunda y dolorosa. En cada uno de estos trabajos ha ido favoreciendo una faceta distinta, cada vez que se escucha uno de sus discos Callahan sorprende con un nuevo cambio, pese a que sus elementos básicos se mantienen intactos.

Así, Woke on a Whaleheart era un álbum más pop con diferentes sonoridades y canciones que apuntaban en distintos caminos; Sometimes I Wish We Were an Eagle era un potenciamiento del sonido más folk, dejando claro que Callahan es uno de los mejores songwriters actuales; Apocalypse era un disco más crudo, abierto y muy personal, y este Dream River es un trabajo mucho más calmado y reflexivo, con un Callahan que apuesta por la guitarra eléctrica. Siempre inquieto y, sobre todo, siempre perfecto.

Quien se acerca a un disco de Bill Callahan ya sabe que va a encontrar, por ello es uno de los mejores cantautores (entendido como songwriter) que podemos encontrar ahora. Ante todo, su música destaca en un primer momento por esa voz inmensa, siempre en un primer plano, que dirige cada canción, como ejerciendo un rol de guía que da sentido a cada álbum y alumbra las canciones, el resto no es más que un mero acompañamiento, un envoltorio que consigue que la voz se asiente, siempre fuerte y segura.

Por otro lado, las letras de Callahan, al igual que su interesante novela Cartas a Emma Bowlcut, emplean un lenguaje parco, muy metafórico y cargado de imágenes de la naturaleza, que sirven para transportar un halo de tristeza y soledad que va unido a la música de Callahan. Pero, en general, sus letras son un tanto indescifrables y tienen en sí mismas un claro interés por ser complicadas.

La particularidad más notable de este disco es el uso que hace de la guitarra eléctrica. Aunque siempre se mantiene en un segundo plano, aporta la nota más especial que hace que este disco sea un nuevo camino abierto, dirigiendo desde lejos el aspecto imaginativo que tiene el álbum. Dream River es un disco callado en sus elementos instrumentales, no hay ninguna canción como “Drover” del álbum anterior por ejemplo, sino que es un trabajo mucho más sutil, que juega con los espacios y los silencios. Sin duda, es un disco bastante más delicado y suave que los anteriores, expandiendo la faceta más quieta de Callahan que, no deja del todo claro cual es el camino que ahora busca, ya que apunta en direcciones muy diversas.

Emplea instrumentación diferente, como vientos, especialmente una flauta a la que recurre en diversas ocasiones y que enriquece los elementos básicos de su música. Es un disco muy arreglado y muy elegante, exactamente como Callahan, que hace que el sonido sea perfecto gracias a una producción que, en todo momento, suena a acierto. Sus canciones crecen y se desatan con leves y sutiles cambios que las llevan hacia nuevas zonas, es lo que hace que Dream River sea un triunfo, desde su arranque con la viveza de “The Sing”, con un Callahan apostado en un bar, solo, y ayudado únicamente por cerveza, a la que Callahan humorísticamente agradece.

En definitiva, lo ha vuelto a hacer, y sin contar a Smog, ya van cuatro discos inmensos.

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