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Lou Reed: Lo Bueno y lo Aburrido Pt.2

Me dispongo en esta segunda parte a hacer un repaso por los discos de Lou Reed que merece la pena escuchar, llevando un orden cronológico. Los dos de esta entrega son realmente míticos, aunque tuvieron una suerte bien distinta. “Transformer” y “Berlin” son reconocidos hoy día como sendas obras maestras (consecutivas además), pero el fulgurante éxito que cosechó el accesible “Transformer” en 1972 hizo que el complejo y conceptual “Berlin“, lanzado sólo un año más tarde, resultara un fracaso de crítica y público.

Transformer” es sin duda el largo de Lou Reed que más gente ha escuchado, es un álbum fácil de escuchar, con un sonido que parece repleto de brillantina y glamour y alejado de la sequedad habitual en la discografía del neoyorquino. La culpa de que este disco fuera tan aclamado fue probablemente de David Bowie, que ya había iniciado su meteórica carrera hacia el éxito con “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars” (cuyo título es tan inconmensurable como el propio disco) y que había entablado una amistad con Reed (se llegó a rumorear incluso que una relación algo más íntima).

Todo el disco es una maravilla, desde el comienzo con la adictiva “Vicious” hasta la vodeviliana “Goodnight Ladies“. Es difícil escoger una sola canción realmente, pues todas ellas son singles potenciales. “Walk on the Wild Side” es de las más conocidas, aparte de por su letra que retrata a todo tipo de personajes marginales por la aún más bizarra versión de Albert Pla; la inclusión de “Perfect Day” en la banda sonora de Trainspotting aumentó la fama de esta lánguida y aparentemente feliz balada hasta convertirla en una suerte de himno; “Hangin’ Around” comparte tipo de letra con Walk on the Wild Side, pero con la actitud rockera de “Vicious” o “I’m so Free“, mientras que “Makeup“, “Andy’s Chest” o “Satellite of Love” tienden más hacia la vertiente glam, con letras surrealistas y superficiales, siendo la más llamativa precisamente la última de ellas, que finaliza con una superposición de coros que inunda el oído. Completa la alineación la curiosa “New York Telephonic Conversation“, que comenta de forma socarrona la actitud cotilla de los círculos vanguardistas e intelectuales de la ciudad en aquella época a ritmo de cabaret-rock.

Como ya he comentado, el disco fue un éxito instantáneo, y es el álbum mejor recibido de Reed en mucho tiempo. El siguiente paso de su carrera fue bastante más arriesgado: un disco conceptual. Eso es algo que hacen los artistas que no tienen nada que perder, los que saben que están respaldados por un gran público que no permitirá que el disco falle aunque se quede en la medianía. Reed se sintió suficientemente confiado. A fin de cuentas era uno de los fundadores de la (ya incluso por entonces) mítica Velvet Underground, y al público maduro le interesan las historias adultas, donde la dureza del mensaje esté bien respaldado por la música… o al menos eso pensó él.

El álbum cuenta la historia de un amor tormentoso y condenado al fracaso entre Jim y Caroline, que además es una mujer divorciada y con hijos, y que acabará trágicamente por el suicidio de ella una vez que le retiran la custodia de los niños. En todo ello, el uso de drogas, el sexo e incluso el maltrato. No es un plato fácil de digerir, desde luego. Y para hacerlo todo aún más difícil, la música era lenta, oscura, muy alejada de las superficiales luces y el maquillaje de “Transformer“. Fue un proyecto ambicioso que acabó estrepitosamente mal, y que se convirtió en uno de los discos más odiados de su carrera durante mucho tiempo.

Y sin embargo el tiempo lo volvió a poner en su sitio. Al contrario que “Metal Machine Music”, una broma pesada y extravagante que inexplicablemente se reeditó recientemente (y cuya valor más allá del de ser una chulería suprema no puedo verle), “Berlin” es una obra que llega a niveles de expresividad y de patetismo que pocos han podido lograr. Para poder disfrutarlo de forma total hay que tener las letras delante, me atrevería incluso a decir que sin ellas el disfrute se reduce a menos de la mitad, perdiendo toda la gracia si no se sigue el drama. Este álbum además hay que escucharlo del tirón, pues todas las canciones están interrelacionadas tanto narrativa como musicalmente entre sí, haciendo que sea un todo. El momento álgido del largo es precisamente su parte central, con “Caroline Says II” y “The Kids“, las canciones más duras y potentes de todo el recorrido, que acabará de una forma magistral con la majestuosa cotidianeidad de “Sad Song“.

En 2006 y 2007 Reed consiguió resarcirse, haciendo una exitosa gira en la que tocaba “Berlin” completo acompañado de una pequeña orquesta y un coro y apoyado por proyecciones en grandes pantallas. El resultado de esto es “Berlin: Live At St. Ann’s Warehouse“, un directo lanzado al mercado en 2008 en DVD y disco, de los cuales el que merece realmente la pena es el DVD, un espectáculo impresionante para aquellos que adoren el trabajo original, o quizás para aquellos que no aprecian la intensidad en la grabación de estudio.

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