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Vuelta a la suciedad

El avance de Monomania anticipaba una vuelta al sonido primitivo de Deerhunter, aquel de Turn It Up Faggot y Cryptograms. Más suciedad que la pulcritud de Halcyon Digest y la medida perfección de Microcastle. En definitiva, un sonido más de banda que de grupo de apoyo de Bradford Cox.

Y aunque la personalidad de Cox quede muy marcada en todo momento, e incluso contenga una de esas canciones que bien podría estar incluida en cualquier disco de Atlas Sound como “Nitebike”, en general Monomania genera un entorno de banda compacta y una mirada evidente al rock’n’roll clásico.

Numerosos riffs de guitarra y constantes guiños al rock’n’roll más tradicional, pasado por el molde de Deerhunter. Como una banda de garage con problemas mentales.

Una vuelta al origen unida a una radicalización de medios, como las voces saturadísimas y guitarras en primer plano para generar sensaciones que se mueven entre el falso revival y la reinvención propia. Tal vez buscando huir de los artificios del último material que habían publicado, recuperan el ruido literal en unas canciones enmarañadas.

El papel de Lockett Pundt queda reducido a la enorme “The Missing”, con un sonido mucho más suave y en la órbita de Lotus Plaza, nunca ha llegado a tener un lugar protagonista en el seno del grupo, pero en Halcyon Digest canciones como “Desire Lines” o “Fountain Stairs” eran de lo más destacado.

Monomania supone el enésimo cambio en el seno de Deerhunter. El bajista Joshua Fauver ha dejado la banda y han entrado dos nuevos miembros. Es también un nuevo cambio en el estilo del grupo sin perder la esencia, algo innato al propio Cox. Y sin duda, es otro disco perfecto para el grupo.

Lo es porque no decepciona en ningún momento, Deerhunter tienen las claves para reinventarse en cada tema (hay cambios de canción a canción que no pueden ser más bipolares) y seguir manteniendo una imagen compacta y unida.

Según las declaraciones y la estética general de Monomania, el grupo parece querer acercarse a la inmediatez más cruda. Como la canción con la que se cierra el disco, “Punk”, subyace en todo momento una actitud de fuerza constante, sin  un segundo de respiro.

Carece de sentido intentar hacer un ranking con los mejores discos de Deerhunter. Cada uno aporta una faceta nueva del grupo, centrándose en unos aspectos y olvidando otros. Es por ello que Monomania no es completamente fiel al grupo, pero también es cierto que representa la cara más desesperada, bruta y radical del grupo. Compacto y cerrado, parece llegar en un momento necesario. Una vuelta a los orígenes, a lo básico pero sonando aún avanzados e interesantes.

“Neon Junkyard”, “Pensacola”, “Dream Captain” o “Monomania” son clásicos instantáneos en una discografía inquieta llena de aristas incompletas. Monomania no deja de ser una de ellas.

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