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Nuevo escalón hacia la inclasificación estilística

A veces, aparecen grupos que cuesta encuadrar en una tendencia sonora lo suficientemente clara como para referirnos a ellos exactamente como eso que nos viene a la mente cuando los escuchamos. Es el caso del dúo Fuck Buttons. Sus canciones generan un flujo tan elevado de sensaciones mentales que resulta complicado encuadrarlos en el post-rock, la IDM, el noise, la psicodelia o cualquier otro género del que puedan haber recibido influencias. Sin embargo, podríamos decir que Fuck Buttons intentan actualizar el shoegaze, desprendiéndolo de las guitarras, haciendo una electrónica que planea por los terrenos del space rock.

   Sin duda, Fuck Buttons son un grupo radical por su propuesta excesivamente personal e ida. En cada disco han dado un giro al sonido y si el álbum anterior, Tarot Sport, era más analógico, para Slow Focus han optado por algo más megalomaniáco.

   En general, no hay grandes cambios en el estilo que muestran, sino más bien un giro de timón que les lleva a unos ambientes menos interesados en la intensidad como medida, sino otras texturas menos pesadas. Ritmos con influencia hip hop, y sonidos que colapsan los auriculares en los que se escucha Slow Focus. A pesar de ello, es necesario decir que el tercer disco de Fuck Buttons se encuentra un peldaño por debajo de los álbumes anteriores.

   Como siempre, desarrollando su potencial musical a partir de largos y amplios desarrollos, Slow Focus es, tal vez, algo más luminoso que sus predecesores.

   Como siempre, la escucha de la música de Fuck Buttons supone lanzarse al vacío de lo inesperado. Una serie de sonidos, que jamás se podrían haber imaginado escuchar antes, atacan sin dejar descanso.

   Slow Focus cuenta con un tono general más contemplativo que los dos discos previos, nunca llega a explotar, y el sonido se vuelve más crepuscular y misterioso, mientras que en un segundo plano, aparecen sonido incómodos. La incomodidad es una particularidad propia del dúo, similar a lo que sucede con Ben Frost, uno se expone a la música, desconociendo lo que va a suceder, y de antemano sabe que llegará un momento en el que tendrá que exponerse a un sonido puro y rabioso con el que tendrá que tratar.

   En esta ocasión, hay un cierto exceso en cuanto a arreglos que aleja al grupo de la intensidad de mínimos que le ha caracterizado hasta el momento. Por momentos, suenan aquí a la mezcla continua de los últimos Battles.

   Podemos concluir que Slow Focus es un disco mucho más evasivo que Tarot Sport y Street Horrrsing, cuesta entrar en esta propuesta mucho más experimental y alucinada, y eso son palabras mayores.

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