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Enmarañarse y perderse en el camino

Delorean vuelven tres años después del espectacular Subiza, un disco que continuaba la senda abierta con el EP Ayrton Senna, lo mejor que han publicado hasta el momento y que sirvió para proyectarlos hasta una escena internacional de la mano de medios como Pitchfork. Giras mundiales y un apoyo más importante fuera que dentro gracias a unos directos perfectamente medidos y hedonistas. Subiza se unía a cierta oleada de chillwave, pero aportando toques únicos pese a que la crítica en general vio un acercamiento al sonido de los  Animal Collective de Merriweather Post Pavilion.

En Apar, el grupo opta por potenciar sus elementos electrónicos, los teclados hedonistas predominan y envuelven las canciones con una producción algo más limpia, pero igualmente retorcida y recargada de capas, pero si Subiza era una mezcla potente y desinhibida, aquí hay una niebla sonora que desencaja la idea general de lo que sucede. No es un disco tan directo, sino que se envuelve en sí mismo y hay que ir conectando progresivamente en él, ayudándose de los momentos más directo, como los de “Spirit” y ese comienzo especialmente luminoso; “Dominion”, una canción atropellada pero que, sin embargo, sí funciona bien; “Walk High”, en donde se mantiene intacta la esencia del grupo, o “Inspire”, partes más pop que abren el camino hacia este Apar que no llega a incorporar demasiadas novedades, sino que ahonda en la marcada filosofía del grupo.

En varias canciones se apoyan de la voz de Caroline Polachek,  conocida por el proyecto Glasser, pero su voz no termina de encajar con la música y lo único que hace es frenarla más. Enroscarla en canciones que no despiertan interés, como “Keep Up” donde la experimentación no termina de sentarles del todo bien.

Podemos decir que Apar es un disco mucho más bailable, en el sentido que potencia esa faceta. Canciones que obligan a moverse por una electrónica más presente, pese a que el grupo lo construye con una búsqueda de lo orgánico cada vez más presente. Algo que puede parecer contradictorio pero que, por ciertos detalles, queda claro el predominio orgánico.

El gran problema del álbum es que acaba optando por la repetición y la sorpresa de los elementos frescos que siempre han tenido ha desaparecido en este nuevo Apar.

La emoción y el ensueño de Subiza se ha ido y, pese a que en algunos momentos siguen sonando contundentes, este disco ya no emociona. Tal vez esperábamos más de un grupo que ha firmado cosas como “Seasun”.

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